NOTICIACRISTIANA.COM (actualizado: 12-07-2025) – Jeff Henderson de la Iglesia de Gwinnett y North Point Ministries. Identificó 5 razones en que una prédica puede ser es aburrida para un oyente.
Tras años trabajando con los Bravos de Atlanta y Chick-Fil-A, ahora, Jeff ayuda a otros a ser mejores comunicadores para presentaciones de negocios o sermones. Éstos son algunos de sus pensamientos que te ayudarán a mejorar tu prédica.
1. ¿Falta de preparación para una prédica?
El púlpito no es lugar para la improvisación disfrazada de «espontaneidad espiritual». La excelencia honra a Dios y respeta a la audiencia. Por ello, dedica un día inamovible en tu agenda exclusivamente a planificar y escribir el mensaje.
Lo ideal es trabajar con una antelación de 5 días a 3 semanas para una prédica efectiva. ¿Por qué tanto tiempo? Porque el mensaje necesita ser comprendido en tu propio corazón antes de ser servido a otros.
La preparación anticipada reduce la ansiedad del sábado por la noche y permite que el Espíritu Santo te muestre matices que la prisa oculta no lo hace. Si este nivel de disciplina te parece exagerado o imposible, honestamente, no sigas leyendo este artículo; la excelencia requiere un precio que no todos están dispuestos a pagar.
2. El mensaje es demasiado largo

Existe un dicho en la oratoria: «El cerebro solo puede absorber lo que el trasero puede aguantar». A menudo, nuestras prédicas se alargan innecesariamente, no porque tengamos mucho que decir, sino porque no estamos lo suficientemente preparados y divagamos buscando cómo aterrizar el avión. Y vaya que lo logramos: terminamos durmiendo a la audiencia o fundiéndola de aburrimiento absoluto.
La longitud no es sinónimo de profundidad. Tu prédica debe ser equilibrada; no se trata de ser breve por ser breve, sino de ser conciso. Combina lo edificante, lo novedoso y lo útil. Tu tarea es exponer la Palabra de Dios de manera que todos, desde el académico hasta el nuevo creyente, comprendan. Recuerda: si no lo puedes decir en 30 o 40 minutos, probablemente no lo tienes claro tú mismo.
3. Demasiadas buenas ideas
El enemigo de una gran idea no es una mala idea, sino muchas buenas ideas compitiendo por atención al mismo tiempo. Evita que la abundancia de conceptos teológicos confunda y opaque la idea principal (la «Gran Idea») de tu prédica al intentar decir demasiado a la vez.
Querer predicar toda la Biblia en un solo domingo es la receta perfecta para que nadie recuerde nada el lunes. ¿Cuál sería la síntesis para describir tu mensaje? Debes ser capaz de articularlo en una sola oración. Si no puedes resumir tu prédica en pocas palabras o en un «tweet», tienes más trabajo que hacer. La claridad es poder; enfócate en un solo clavo y golpéalo hasta que entre bien profundo.
4. Muy pocas historias

Vivimos en una cultura visual y narrativa. Jesús fue un maestro de la narración; él no solo daba mandamientos, contaba parábolas. Gran contenido teológico sin una historia que lo ilustre es como un edificio sin ventanas: sólido, pero oscuro. No permite comunicar con eficacia. Las historias son vitales por razones neurológicas y espirituales:
- Las historias mantienen nuestra atención: Un cerebro adulto se cansa de escuchar datos abstractos y lineales al cabo de 10 minutos. Una historia funciona como un «recreo mental» que ayuda al oyente a volver a participar y reconectar con el predicador.
- Revuelven nuestras emociones: La información llega a la cabeza, pero las historias viajan directo al corazón. Es la emoción la que a menudo impulsa la decisión y el cambio.
- Nos ayudan a recordar: Las historias son el gancho para compartir la verdad bíblica. La gente olvidará tus tres puntos aliterados, pero recordará la historia del hijo pródigo.
5. No tener el claro objetivo sobre el oyente
El predicador puede terminar un sermón brillante, pero si la gente se pregunta: «Eso es cierto, ¿y qué?», hemos fallado. La predicación no es una transferencia de información, es una invitación a la transformación.
¿Qué quiero que el oyente haga al salir hoy? Es necesario tener claro el objetivo conductual que persigo a la hora de la prédica. No basta con explicar qué significaba el texto para los judíos del primer siglo; debes responder: ¿Para qué le va a servir este mensaje al oyente en su oficina, su matrimonio o sus crisis personales? ¿Qué pretendo que haga el oyente después de escuchar este mensaje? Sin aplicación práctica, la prédica es mera retórica.
Pensamientos finales

La mejora continua es el sello del siervo fiel. Graba tu prédica en video o audio, revísala (aunque sea penoso verse o escucharse) y busca formas de mejorar en el futuro. Sé tu crítico más constructivo. Finalmente, la técnica nunca sustituye a la obra del Espíritu Santo, recuerda es la Palabra de Dios la que transforma no tú. “Hagan todo para la gloria de Dios, trabajando en el mensaje con la excelencia de la preparación y la guía sensible del Espíritu Santo”.
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