NOTICIACRISTIANA.COM.- A lo largo de su vida, muchas mujeres cristianas enfrentan una batalla silenciosa contra pensamientos negativos profundamente arraigados. Estas mentiras (sobre su valor, identidad, capacidad y aceptabilidad) afectan no solo su autoestima, sino también la forma en que se relacionan con Dios, su familia y el entorno. Aunque la mayoría muestra empatía hacia los demás, raramente aplican esa misma compasión consigo mismas.
Erin Smalley quien es una consejera profesional licenciada, autora y conferencista cristiana especializada en temas de matrimonio, sanidad emocional y relaciones familiares y trabaja como portavoz estratégica de los Ministerios Matrimoniales en Enfoque a la Familia, aborda este tema de manera clara, bíblica y sencilla.
La raíz de la mentira
Durante sus conferencias, Smalley pide a mujeres que escriban sus pensamientos negativos en notas adhesivas. Entre los más comunes:
- “Soy inútil”
- “Mis errores me han marcado para siempre”
- “Si la gente supiera quién soy, no me aceptaría”
Estas ideas, muchas veces formadas en la infancia, se arrastran hasta el matrimonio, la maternidad y la vida espiritual. Son más que pensamientos; son heridas sin sanar.
Mentiras como herramientas del enemigo
Smalley advierte a las mujeres que este tipo de pensamiento no solo es psicológico, sino espiritual. Lo fundamenta con Juan 8:44:
“Satanás… ha sido homicida desde el principio… no hay verdad en él… porque es mentiroso y padre de mentira.” (Juan 8:44)
El enemigo sabe que, al creer estas falsedades, las mujeres no vivirán el propósito divino. Se sienten rotas y actúan como tal.
El poder del lenguaje interno
El impacto del diálogo interior no debe subestimarse. Proverbios 18:21 nos recuerda:
“La muerte y la vida están en poder de la lengua.” (Proverbios 18:21)
Hablarse con crueldad puede llevar al agotamiento emocional y espiritual. Smalley la llama “la dama loca”, esa voz interna que acusa sin piedad. Es necesario callarla.
Restauración espiritual: reconocer, reemplazar y renovar

El proceso de sanación comienza con identificar y reemplazar las mentiras con verdades bíblicas. Smalley sugiere buscar lo que Dios dice sobre cada mujer:
- “La palabra del Señor es recta y verdadera.” (Salmo 33:4 – NVI)
- “Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es parte de él.” (1 Corintios 12:27)
- “Fuisteis comprados por precio; no os hagáis esclavos de los hombres.” (1 Corintios 7:23)
- “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar.” (1 Juan 1:9)
- “Sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa…” (1 Pedro 2:9)
- “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Su valor sobrepasa el de las piedras preciosas.” (Proverbios 31:10)
- “Que vuestro adorno sea… el del corazón… de un espíritu afable y apacible.” (1 Pedro 3:4)
- “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras.” (Efesios 2:10)
Estas declaraciones restauran la identidad espiritual y deben repetirse, memorizarse y proclamarse.
La sanación también requiere comunidad. Smalley cita 1 Tesalonicenses 5:11:
“Anímense unos a otros y edifíquense mutuamente.” (1 Tesalonicenses 5:11)
Es necesario limitar la exposición a personas que refuerzan las mentiras y buscar entornos que hablen con gracia y esperanza.
Nunca solas: la guía del Espíritu de verdad
No estamos solas en esta batalla contra la mentira. El Espíritu Santo (llamado el Espíritu de verdad en Juan 16:13) ha sido enviado para guiarnos hacia lo que es eterno y verdadero:
“Cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad.” (Juan 16:13)
Esto significa que, incluso en medio del dolor, del diálogo interno autocrítico, o de los errores pasados, hay una voz superior a la “mujer loca” que acusa. Es la voz del Espíritu, que no condena, sino que restaura. No reprende para herir, sino para sanar. Y está presente en cada paso del proceso.
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