NOTICIACRISTIANA.COM.- En el panorama cristiano, los evangélicos judaizados se les conoce como el «Movimiento Raíces Hebreas». Este movimiento ha ganado popularidad desde la década de los noventa. Sus seguidores, en su mayoría cristianos «gentiles», creen que la iglesia se ha alejado de las «verdaderas enseñanzas hebreas» de la Biblia. Por ello, adoptan costumbres judías como la observancia del Shabat, las fiestas hebreas y las dietas kosher.
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El conflicto con el Evangelio
El principal problema de este movimiento judaizante es que, al insistir en la Ley, socava el corazón del Evangelio de la gracia. El apóstol Pablo confrontó esta misma herejía, advirtiendo a los gálatas que si la justificación fuera por la Ley, entonces «Cristo murió en vano» (Gálatas 2:21). Ya que esta, agrega obras a la fe para ser más agradables a Dios, o incluso para la salvación, anula la gracia.
La Ley frente a la Gracia
La Escritura es clara en que la justificación no se logra por «las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo» (Gálatas 2:16). La Ley fue dada como un «tutor» que nos conduce a Cristo, revelando nuestra pecaminosidad y nuestra incapacidad para salvarnos. Es el evangelio el que provee el remedio que la Ley diagnostica pero no puede sanar.
El Nuevo Testamento enseña que las festividades y ceremonias judías, como el Shabat o las lunas nuevas, eran «sombra de lo que ha de venir» (Colosenses 2:17). El apóstol Pablo enfatizó que la «realidad se encuentra en Cristo». Jesús mismo cumplió el propósito de estas fiestas, declarándose el «pan de vida» durante la Pascua y la «luz del mundo» en la Fiesta de los Tabernáculos.
Este conflicto no es nuevo. Los judaizantes del primer siglo insistían en que los gentiles debían guardar la Ley para ser salvos. En el Concilio de Jerusalén, Pedro y los apóstoles determinaron que los gentiles eran salvos «por la gracia del Señor Jesús» (Hechos 15:11), y no debían ser cargados con un «yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar» (Hechos 15:10).
La perspectiva de los reformadores sobre creencias judaizantes
Los reformadores protestantes, como Martín Lutero, reafirmaron la doctrina de la justificación por la fe sola, oponiéndose a la salvación por obras. Lutero enseñó que las buenas obras son un fruto natural de la fe, y no el medio para obtenerla. Juan Calvino argumentó que la Ley sirve como una guía para el creyente, instruyéndole en la voluntad de Dios para vivir una vida de gratitud.
El regreso a la Ley es volver a un «yugo de esclavitud» (Gálatas 5:1), del cual Cristo nos ha liberado. La fe en Él nos concede la libertad para vivir guiados por el Espíritu Santo. El fin de la Ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree, lo que significa que la búsqueda de justicia por obras ha cesado (Romanos 10:4).
Un solo cuerpo en Cristo
El Evangelio derribó el «muro intermedio de separación» entre judíos y gentiles, creando «un solo hombre nuevo» (Efesios 2:14-15). En Cristo, no hay «judío ni griego», ya que la salvación es para todo el que cree. El error de los judaizantes es ignorar esta unidad y buscar una identidad basada en la Ley, en lugar de en la gracia.
La fe genuina no se demuestra regresando a la «sombra» de los rituales, sino abrazando la «realidad» que es Jesucristo (Colosenses 2:17). Él es el cumplimiento de la Ley y de los profetas. La libertad en Cristo nos permite encontrar nuestra identidad completa en su obra consumada, no en nuestras propias obras.
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