NOTICIACRISTIANA.COM.- Un dogma es una creencia o un conjunto de creencias que los miembros de un grupo aceptan sin cuestionar. Dentro del cristianismo, un dogma sirve para diferenciar la verdad del error y la sana doctrina de la herejía. La tradición evangélica sostiene que los dogmas deben someterse a la primacía de la Escritura como la única palabra inspirada por Dios.
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Orígenes históricos y la ausencia del término «Trinidad» en la Biblia
La palabra «Trinidad» no se encuentra en las Escrituras. El concepto fue desarrollado por la teología patrística, influenciada por fuentes extrabíblicas. Los críticos señalan paralelos con tríadas de dioses paganos, como la hindú Trimurti (Brahma, Vishnu, Shiva), pero en muchas de estas triadas existía una jerarquía clara, no la co-igualdad de personas. Por ejemplo, en la Trimurti, Brahma, el creador, perdió a sus adoradores y está bajo la dirección de las otras dos deidades.
El término para el concepto fue acuñado por Teófilo de Antioquía, quien usó el griego trias (tríada) alrededor del 170 dC, y posteriormente el latino Tertuliano lo adoptaría como Trinitas .La influencia de la filosofía griega, particularmente el neoplatonismo, que ofrecía un esquema de tres realidades o hipóstasis, es otro factor que algunos estudios del cristianismo primitivo adaptaron para articular la naturaleza de Dios.

La doctrina: ¿enseñanza apostólica o post-bíblica?
El estricto monoteísmo del Antiguo Testamento es un pilar de la fe, con versículos como Deuteronomio 6:4, que afirma: «Jehová nuestro Dios, Jehová uno es». Esta unicidad se repite en todo el Antiguo Testamento, y muchos eruditos concuerdan en que no contiene una doctrina que pueda ser un dogma de la Trinidad.
Aquellos que cuestionan la doctrina señalan que Jesús y los apóstoles no la enseñaron explícitamente. Aunque Jesús dijo en Juan 10:30 «Yo y el Padre uno somos», quienes se oponen al dogma afirman que se refería a una unidad de propósito, no de esencia o sustancia, citando Juan 17:21.
La evidencia bíblica más explícita para la Trinidad, el versículo conocido como la Comma Johanneum en 1 Juan 5:7, es considerada una interpolación tardía por la mayoría de los eruditos bíblicos. Este pasaje, que no se encuentra en los manuscritos griegos más antiguos, fue agregado para proporcionar un respaldo bíblico a una doctrina que no se encontraba de forma explícita en el texto original, según estudiosos.
La formalización como dogma obligatorio
El dogma de la Trinidad se formalizó en un proceso de siglos para combatir las herejías, no para proclamar una nueva revelación. Los concilios ecuménicos, como el de Nicea (325 dC) y Constantinopla (381 dC), definieron la divinidad de Cristo y del Espíritu Santo para contrarrestar doctrinas como el arrianismo, que negaba la plena deidad del Hijo.
Este proceso histórico muestra que el dogma se hizo obligatorio por edictos conciliares, más que por una revelación directa. Figuras como el reformador protestante Miguel Servet fueron perseguidas y ejecutadas por católicos y protestantes por su rechazo a la Trinidad. Esto demuestra que la doctrina se consideraba fundamental para la ortodoxia, incluso entre los reformadores.
El teólogo protestante Emil Brunner afirmó que la doctrina de la Trinidad es una construcción teológica diseñada para defender la fe central, pero no es el kergyma (la predicación del evangelio) en sí misma. En lugar de un dogma explícitamente enseñado por Jesús o los apóstoles, fue una formulación posterior para reconciliar la unicidad de Dios con la divinidad de Cristo y combatir herejías. Este proceso intelectual llevó a la adopción de terminología filosófica para codificar una verdad que va más allá de nuestra comprensión.
La verdad que sí puede entender
Es más importante que el creyente se enfoque en la verdad que sí se puede entender claramente en la Escritura: el camino a la salvación. La Biblia es enfática en que la salvación es un regalo de Dios, dado por gracia a través de la fe en Jesucristo, y no por obras humanas. El apóstol Pablo enseña que «nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia» (Tito 3:5).Por lo tanto, el creyente es llamado a depositar su confianza en el sacrificio de Cristo en la cruz, sabiendo que «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podemos ser salvos» (Hechos 4:12).
En medio de los debates teológicos sobre lo que es insondable, la fe se centra en lo que es revelador y determinante para nuestra vida. Como dice Romanos 11:33-34, «¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor?». Esta verdad nos invita a la humildad ya centrar nuestra vida cristiana en lo que realmente importa: nuestra relación personal con el Padre, la obra salvífica del Hijo y el poder transformador del Espíritu Santo en el creyente.
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