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Universalismo: ¿Son todos salvos por gracia sin obediencia?

Universalismo Son todos salvos por gracia sin obediencia
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NOTICIACRISTIANA.COM.- El universalismo, la creencia de que todas las personas serán finalmente salvas, es una idea que minimiza la santidad y justicia de Dios. Si todos se salvan, el sacrificio de Jesucristo no sería necesario, lo que desvirtúa su obra en la cruz. Aunque la salvación es por gracia, la Biblia describe un lugar de castigo real y eterno para aquellos que no se arrepienten.  

John MacArthur, pastor y teólogo evangélico, advierte sobre el «falso evangelio de la autoestima». Este mensaje presenta a Jesús como un «genio utilitario» cuyo objetivo es hacer que la gente se sienta bien consigo misma. Dicho evangelio se centra en la autoexaltación en lugar de la negación del yo, pervirtiendo el mensaje original de Cristo.  

La gracia verdadera y el costo del discipulado

Muchos pastores afirman que la fe se vuelve «barata» cuando se ofrece como un producto de consumo que promete estabilidad sin un compromiso real. El teólogo Dietrich Bonhoeffer popularizó este término de «gracia barata», como la gracia que se predica sin requerir arrepentimiento o discipulado. Y aunque la gracia de Dios es un favor inmerecido, no es una licencia para pecar.  

La gracia genuina es un poder que transforma la vida del creyente. Tito 2:11-12 enseña que la gracia de Dios se ha manifestado para salvación, y nos instruye a vivir renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos. La salvación no es solo un escape del infierno, sino un anhelo por vivir una vida santa, esperando la venida de Cristo.  

Fe, obras y el fruto de la salvación

gracia

La fe que salva no es inerte; es una fe viva y activa. El apóstol Santiago advierte que una fe sin obras es muerta y estéril, incapaz de salvar a nadie. Las buenas obras no justifican a la persona, pero son el resultado natural y necesario de la fe verdadera.  

El apóstol Pablo, en Romanos 6:1-2, refuta la idea de que podemos «perseverar en el pecado para que la gracia abunde». La gracia nos libera del pecado, no nos da permiso para cometerlo. Una vida de pecado habitual evidencia una falta de relación genuina con Dios. Como dice 1 Corintios 6:9-10, los que practican el mal no heredarán el reino de Dios.  

El arrepentimiento es un mandato divino y un paso indispensable para la salvación. La palabra griega metanoia significa un cambio de mente que resulta en un cambio de vida, un abandono del pecado para volverse a Dios. Las falsas enseñanzas que ofrecen salvación sin arrepentimiento son «enemigos mortales de la iglesia».  

La predicación de Jesús, Juan el Bautista y los apóstoles siempre estuvo centrada en el llamado al arrepentimiento. Sin un arrepentimiento genuino que implique un cambio de vida, no hay un perdón real ni una reconciliación con Dios. Esto es un requisito para todos, ya que todos somos pecadores.  

Los Padres de la Iglesia y los Reformadores históricos, como Ignacio de Antioquía, enseñaron que una fe genuina debe manifestarse en buenas obras para ser considerada verdadera. Martín Lutero y Juan Calvino, aunque enfatizaron la salvación por sola fide (solo por la fe), entendieron que esta fe no podía estar separada del comportamiento del creyente.  

La obediencia no es el medio para ganar la salvación, sino el fruto natural de un corazón regenerado. Un corazón que ha sido transformado por el Espíritu Santo anhela obedecer a Dios, no por obligación, sino como una respuesta de amor.  

Jesús enseñó que el camino a la vida eterna es angosto y que pocos lo encuentran, lo que implica un llamado a la negación de uno mismo. Este es el verdadero costo del discipulado, que se opone a la idea de una salvación fácil y sin sacrificio que busca la autorrealización.

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