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La revolución del pesebre: Cómo el misterio de la Encarnación cambia todo

La revolución del pesebre Cómo el misterio de la Encarnación cambia todo

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NOTICIACRISTIANA.COM.- La Navidad suele envolverse en luces, regalos y un sentimiento de nostalgia. Pero en el corazón de esta celebración late un misterio tan profundo y revolucionario que, si lo comprendemos, tiene el poder de transformar no solo una temporada, sino toda nuestra forma de vivir. No se trata simplemente del nacimiento de un bebé admirable, sino del descenso del Creador a la creación.

La Encarnación es el eje de la historia y, sorprendentemente, el modelo para la vida del creyente. Juan lo declara con asombro: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14). Esta verdad es el punto de partida para una existencia que llamamos «encarnacional».


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El asombro de la Encarnación: Camino descendente de Dios

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Para entender la magnitud de este misterio, debemos mirar dos pasajes clave. En Juan 1:14, «el Verbo» (Logos), la Palabra eterna y creadora por quien todo fue hecho, «se hizo carne». No se apareció como carne, sino que la asumió. El Dios infinito y trascendente se volvió completamente humano, frágil y dependiente.

La expresión «habitó [puso su tienda] entre nosotros» evoca la presencia de Dios en el tabernáculo del desierto: Dios ahora acampa en el barro de nuestra humanidad. Su gloria ya no se ve en un monte ardiente, sino en un rostro humano lleno de gracia y verdad.

Filipenses 2:5-11 profundiza en el «cómo» de este acto. Cristo Jesús, «siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse». Aquí está la clave: no se aferró a sus derechos, a su gloria celestial. Al contrario, se despojó a sí mismo (se vació, kenosis), tomando forma de siervo.

Su camino fue de descenso continuo: de la gloria al vientre de una mujer, al pesebre, a la vida de un obrero, al servicio humilde, a la incomprensión, y finalmente a la muerte más vergonzosa: la muerte de cruz. La Encarnación fue el primer paso de una entrega total. No fue un acto teatral; fue la identificación amorosa y radical de Dios con nuestra condición, hasta las últimas consecuencias. Por eso, Dios lo exaltó hasta lo sumo. La humillación voluntaria es el camino a la verdadera gloria.

Vivir encarnacionalmente: compasión, humildad y cercanía

La revolución del pesebre Cómo el misterio de la Encarnación cambia todo

Este misterio no es solo para admirar, es para imitar. Pablo lo dice justo antes del himno de Filipenses: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús» (Filipenses 2:5). Vivir «encarnacionalmente» significa que nuestro amor, como el de Cristo, debe hacerse carne en acciones concretas.

  • Compasión Encarnada: La compasión de Jesús no fue un simple sentimiento. «Se compadeció» de la multitud y les enseñó y alimentó. Al encarnarse, puso ojos y manos a su amor. Nuestra compasión debe dejar el ámbito de las buenas intenciones y «ensuciarse las manos».
  • Humildad Encarnada: La esencia de la Encarnación es la humildad: el Altísimo se hace el más bajo. Jesús, siendo Maestro y Señor, lavó los pies polvorientos de sus discípulos. Vivir encarnacionalmente es «bajarse del pedestal»: renunciar a nuestra necesidad de tener la razón o ser reconocidos, servir en tareas invisibles, valorar a cada persona por encima de nuestra comodidad. Es una humildad activa, que busca el bien del otro antes que el propio.
  • Cercanía Encarnada: Dios no nos amó desde la distancia. «Habitó entre nosotros». Jesús comió con pecadores, tocó a leprosos, lloró con sus amigos. Vivir encarnacionalmente es salir de nuestra burbuja de seguridad religiosa o social para habitar entre la gente, con una presencia auténtica. Es estar disponible, compartir la vida cotidiana, escuchar sin prisa, reír y llorar con los demás. Es amar con proximidad, no con discursos.

El misterio que nos envía

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La Encarnación no es una doctrina fría. Es la noticia de que Dios se sumergió en nuestro mundo para redimirlo desde dentro. Y ese mismo movimiento es el que nos llama a realizar. No estamos llamados a ser espectadores del misterio, sino portadores y reflejos del mismo.

Al vivir con compasión activa, humildad radical y cercanía auténtica, nos convertimos en extensiones de la Encarnación en nuestros hogares, trabajos y vecindarios. Somos las «cartas» de Cristo leídas por todos (2 Corintios 3:3). Que este misterio, que comenzó en un pesebre, transforme hoy nuestra manera de caminar, amar y servir en un mundo que anhela, sin saberlo, ver la gracia y la verdad hechas carne una vez más.

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Fuentes consultadas

https://www.gotquestions.org/Espanol/encarnacion-de-Cristo.html

https://sermons.logos.com/sermons/678097-la-encarnacion-del-verbo-(juan-1:14)

https://es.9marks.org/articulo/teologia-sistematica-clase-12-la-obra-de-cristo-parte-1/


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