NOTICIACRISTIANA.COM.- Cada fin de año, una ola de entusiasmo nos impulsa a trazar metas para el nuevo año: perder peso, ahorrar dinero, aprender una habilidad. Sin embargo, junto a esta motivación, surge con frecuencia una sensación de frustración al recordar los propósitos no cumplidos o la pregunta más profunda: ¿realmente importan estas metas?
La cultura nos insta a planificar con una mentalidad de autosuficiencia, pero la sabiduría bíblica nos ofrece un marco radicalmente distinto. Santiago 4:13-15 no condena la planificación, sino la arrogancia de hacerlo excluyendo a Dios: “Vamos a tal ciudad, estaremos allá un año, negociaremos y ganaremos… cuando no sabéis lo que será mañana”.
Al aplicar la enseñanza de Santiago, podemos transformar nuestra planificación del año, pasando de metas personales efímeras a propósitos eternos que glorifican a Dios, fundamentados en la humildad, la memoria y la misión.
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Primer pilar, humildad: reconocer la soberanía de Dios en cada plan

Santiago advierte a los comerciantes que hacen planes sin considerar la voluntad divina. Su error no fue la diligencia, sino la presunción de controlar un futuro que desconoce.
La vida es “neblina que se aparece por un poco de tiempo” (v.14). Por tanto, la actitud correcta ante cualquier proyecto, incluido el año entrante, es la de dependencia absoluta, expresada en la frase “Si el Señor quiere”.
Planificar con humildad significa escribir nuestras metas con lápiz, confiando en que Dios las sostendrá, modificará o redirigirá para Su bien perfecto. Es la liberación de la carga de creer que el éxito depende únicamente de nuestra estrategia y fuerza.
Segundo pilar, memoria: fundamentar el futuro en la fidelidad pasada de Dios

Ante la ansiedad que puede generar un futuro incierto, el antídoto bíblico es recordar. El Salmo 77:11 exhorta: “Recordaré las obras de Jehová; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas”.
Una planificación sabia no comienza con una hoja en blanco llena de deseos, sino con un corazón lleno de gratitud. Antes de proyectar el próximo año, debemos detenernos a reflexionar: ¿Dónde me sostuvo Dios en la debilidad? ¿Qué puertas abrió que yo no podía forzar?
Este ejercicio de “hacer memoria” nos recuerda que el Dios que fue fiel ayer, es el mismo que irá delante de nosotros mañana. Nuestra confianza para planificar no está en nuestra capacidad de previsión, sino en Su carácter inmutable.
Tercer pilar, misión: alinear nuestros planes con los propósitos de Dios

La pregunta crucial no es solo qué haremos, sino para qué. El fin último de toda actividad humana debe ser la gloria de Dios.
Como señala el pastor John Piper, la tarea más sabia es descubrir el propósito de Dios y unirse a él. Esto implica reformular nuestras metas personales para que sirvan a los propósitos revelados de Dios en las Escrituras: el discipulado, el amor al prójimo, la proclamación del Evangelio.
Una meta como “ejercitarme más” puede transformarse en un propósito cristocéntrico: “Cuidar mi cuerpo, templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20), para tener salud que me permita servir con energía en mi iglesia y familia”. Así, cada área de la vida se integra en una misión más grande que nosotros mismos.
En conclusión, planificar un año con sabiduría bíblica es un acto de adoración que combina humildad, gratitud y propósito. Nos invita a liberarnos de la tiranía del control absoluto para descansar en la soberanía de Dios.
Fuentes consultadas:
- Logos Sermons. https://sermons.logos.com/sermons/1268489-como-planificar-biblicamente-santiago-4:13-17
- Coalición por el Evangelio. https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/hacer-planes-memoria/
- Coalición por el Evangelio. https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/declaracion-mision-personal/
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