NOTICIACRISTIANA.COM- La persecución contra los cristianos continúa intensificándose en distintas partes del mundo y ya afecta a más de 388 millones de creyentes que enfrentan altos niveles de violencia, discriminación y restricciones por causa de su fe.
Así lo revela la Lista Mundial de la Persecución 2026, publicada por la organización evangélica Puertas Abiertas, que advierte sobre un deterioro sostenido de la libertad religiosa a nivel global.
El informe señala que, solo en los 50 países con mayor nivel de persecución, alrededor de 315 millones de cristianos viven bajo condiciones consideradas muy altas o extremas. Por segundo año consecutivo, Corea del Norte encabeza el listado, seguida por Somalia y Yemen.
También figuran Sudán, Eritrea y, como una de las principales novedades de esta edición, Siria, cuya situación se agravó debido a la vulnerabilidad de las comunidades cristianas ubicadas en zonas urbanas estratégicas afectadas por la violencia y la inestabilidad.
Uno de los datos más alarmantes del estudio corresponde al aumento de los asesinatos por motivos de fe. Durante el período analizado se registraron 4.849 cristianos asesinados, de los cuales 3.490 murieron en Nigeria, país que continúa concentrando la mayor parte de la violencia letal contra creyentes.
La organización atribuye este escenario al avance del extremismo violento en África subsahariana y a la incapacidad de diversos gobiernos para proteger a las comunidades vulnerables frente a grupos armados.
El informe también destaca el incremento de la presión sobre los cristianos en América Latina. En Nicaragua, líderes religiosos continúan enfrentando persecución por parte del régimen, mientras que en Colombia grupos armados ilegales atacan iglesias y comunidades cristianas en territorios donde buscan mantener el control.
Asimismo, los conversos al cristianismo en países como India e Irán siguen expuestos a encarcelamientos, agresiones y restricciones legales, afectando especialmente a las mujeres.
La investigación concluye que la persecución religiosa ya no es un problema aislado, sino una crisis global en expansión que demanda una respuesta urgente de gobiernos, organismos internacionales y defensores de los derechos humanos para garantizar la libertad de religión y proteger a millones de personas que continúan viviendo su fe bajo constante amenaza.










