NOTICIACRISTIANA.COM.- El panorama del liderazgo en la iglesia evangélica enfrenta la idealización de los líderes pastorales, un fenómeno que los presenta como «intocables» y dignos de una «honra casi divina». Esta creencia distorsiona radicalmente el modelo de liderazgo bíblico. ¿Qué sucede cuando ocurre esta esta desviación, cuáles son sus peligros y las consecuencias que producen en la iglesia?
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El pastor: un siervo, no un ídolo
El liderazgo bíblico se basa en la humildad y el servicio, un contraste con el poder terrenal. Cristo mismo instruyó que “el que quiera ser el primero… será tu siervo” (Mateo 20:26-27). En Tito 1:7, el pastor es descrito como un «mayordomo», un administrador del rebaño de Jesús, no su dueño. Su autoridad es delegada por Dios, no inherente.
El modelo definitivo de servicio es Jesucristo, quien “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Filipenses 2:6-8). El culto al pastor es una forma de idolatría que desvía la adoración del Creador a la criatura. Reformadores como Juan Calvino y Martín Lutero lucharon contra cualquier intermediario humano que tuviera una autoridad absoluta sobre el creyente.
La deificación del líder es una característica clave del abuso espiritual, donde la autoridad es distorsionada para dominar y controlar. Este líder autoritario, que exige sumisión incondicional, se aleja del modelo de Cristo.
La responsabilidad bíblica y el peligro del orgullo
La noción de un pastor que «nadie puede corregir» es antibíblica. La corrección y la disciplina son actos de amor que dan sabiduría (Proverbios 3:11-12). La falta de rendición de cuentas es una manifestación de orgullo, el cual, según Proverbios 18:12, precede al quebrantamiento.
La falta de rendición de cuentas permite el autoengaño, lo que ciega a la persona a sus propias faltas. Este pecado toma el corazón y hace que el líder sea vulnerable al enemigo. El discipulado y el crecimiento se frustran sin honestidad y vulnerabilidad entre los creyentes.
Calvino insistió en que toda la enseñanza debe pasar por el «crisol de la Palabra de Dios». La autoridad suprema de la Biblia, oh sola Escritura , es el contrapeso fundamental al culto al pastor. Cuando un líder minimiza la predicación bíblica para enfocarse en sí mismo, usurpa la autoridad de Dios.
Un pastor que abandona la Palabra de Dios obstaculizando la obra del Espíritu Santo, que usa la Escritura como su único instrumento. Esto produce “conversiones superficiales y cristianos espiritualmente pobres”.
Las consecuencias del abuso de autoridad
El culto al pastor, al crear una dependencia del hombre, conduce al abuso espiritual. Sus consecuencias incluyen trauma psicológico, angustia emocional y pérdida de la fe. El abuso se caracteriza por un líder que “se arroga poder y autoridad que no van acompañados de la obligación de rendir cuentas” y que usa la culpa y el miedo de controlar a las ovejas.
La Biblia describe a la iglesia como el «cuerpo de Cristo», con Cristo como única «cabeza» (Efesios 1:22-23). En 1 Corintios 3:21-23, se amonesta a no gloriarse en los hombres, pues todo es de Cristo. Cuando la lealtad está en el pastor, la iglesia se dispersa al caer el líder.
La solución es volver a un liderazgo de humildad y rendición de cuentas bíblica. El pastor, como quien ha de dar cuenta a Dios (Hebreos 13:17), debe ser un ejemplo para el rebaño. El pastor sano enseña a las ovejas a “mirar y seguir a Cristo”, no a él mismo.













