El pastor Ezra Jin Mingri, uno de los líderes de la Iglesia de Sión, una de las mayores iglesias clandestinas de China, fue liberado después de pasar nueve meses en prisión y ya se encuentra en Estados Unidos, donde pudo reencontrarse con su familia.
La noticia fue confirmada por familiares y organizaciones defensoras de los derechos humanos, que calificaron el hecho como un acontecimiento esperanzador en medio de las restricciones a la libertad religiosa en el país asiático.
La liberación ocurrió menos de dos meses después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, solicitara personalmente al mandatario chino, Xi Jinping, considerar el caso del pastor durante una reunión celebrada en Pekín. Según la familia de Jin, la intervención diplomática fue determinante para que el líder cristiano recuperara su libertad.
» Hemos presenciado un verdadero milagro y estamos rebosantes de alegría», expresó la familia en un comunicado, en el que también agradeció a Dios y a la administración estadounidense por el respaldo brindado.
Además, manifestaron su esperanza de que este hecho represente una señal positiva para las personas de fe en China y para las relaciones entre ambas naciones.
Ezra Jin fue arrestado en octubre junto con otros 17 dirigentes de la Iglesia de Sión durante una de las mayores operaciones contra una sola congregación cristiana en las últimas décadas.
La detención provocó una fuerte reacción internacional y renovó las denuncias sobre el aumento de la persecución religiosa bajo el gobierno chino.
Aunque la liberación del pastor fue celebrada por diversas organizaciones, defensores de derechos humanos recordaron que al menos ocho miembros de la Iglesia de Sión continúan encarcelados. Asimismo, insistieron en que las autoridades chinas deben garantizar la libertad religiosa y poner fin a las restricciones impuestas contra las iglesias no registradas.
La Iglesia de Sión opera de manera clandestina debido a que rechaza someterse al control estatal, que obliga a las congregaciones a integrarse a organizaciones religiosas autorizadas por el gobierno.
Bajo la política de «sinización» impulsada por Xi Jinping, las autoridades exigen que las comunidades religiosas alineen sus enseñanzas y actividades con la ideología del Partido Comunista Chino, una medida que ha sido ampliamente criticada por organizaciones internacionales de derechos humanos.










