Médicos, historiadores y arqueólogos coinciden en que JESUS sufrió una de las formas más duras y dolorosas de pena capital jamás imaginada por el hombre
La perforación del nervio medio de las manos por un clavo puede causar un dolor tan increíble que ni siquiera la morfina sería de ayuda, un dolor intenso, ardiente horrible, como relámpagos atravesando el brazo hacia la médula espinal.


