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Ecumenismo: ¿Unidad espiritual o pacto con el error?

Ecumenismo Unidad espiritual o pacto con el error
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NOTICIACRISTIANA.COM.- El ecumenismo es un esfuerzo global que busca la unidad de todos los cristianos, un anhelo que el Concilio Vaticano II define como el conjunto de actividades para «favorecer la unidad». Sin embargo, esta búsqueda presenta una tensión fundamental para algunos sectores, quienes cuestionan si la unidad se logra a expensas de la verdad doctrinal en nombre del «amor». La verdadera unidad bíblica nunca se separa de la verdad.  

La Reforma Protestante del siglo XVI no fue una mera división política, sino un cisma teológico que surgió del imperativo de regresar a las enseñanzas originales de la Biblia. Los reformadores postularon las «Cinco Solas,» doctrinas como la Sola Scriptura y Sola Fide, que establecieron la autoridad de la Escritura por encima de la tradición. Estos principios actúan como una barrera teológica que impide la tolerancia del error.  

La unidad en la verdad, no en el compromiso

La principal divergencia entre el protestantismo y el catolicismo es la fuente de autoridad. Mientras que la doctrina protestante de la Sola Scriptura establece que la Biblia es la única fuente infalible, la Iglesia Católica confiere a la Escritura, la Tradición y el Magisterio la misma reverencia. Este «yugo desigual» compromete la pureza doctrinal en un pacto que no puede ser genuino sin un fundamento común.  

Esta falta de un fundamento común se extiende a la salvación. El protestantismo enseña la justificación como un acto singular de Dios que declara al pecador justo por la fe sola en la obra de Cristo, sin añadir obras. En contraste, el catolicismo ve la justificación como un proceso que depende de la gracia recibida a través de los sacramentos y las obras. Un pacto que ignore esta divergencia crucial promueve un falso evangelio.  

Críticas de los reformadores al sistema romano

Las críticas de los reformadores fueron profundas y no negociables, centradas en el sistema de autoridad romano. Martín Lutero declaró en la Dieta de Worms: «¡No puedo hacer otra cosa; esta es mi postura!». Por su parte, Juan Calvino identificó al papado como el «Anticristo,» argumentando que usurpa la autoridad de Cristo, la única cabeza de la Iglesia. Para Calvino, la unidad de la Iglesia se mantiene únicamente a través de Cristo.  

Diversas voces evangélicas y pentecostales ofrecen un «no rotundo» a iniciativas conjuntas con el Vaticano. Desde su perspectiva, el catolicismo romano y el protestantismo son «dos religiones distintas» con diferencias sustanciales e irreconciliables sobre la salvación y la autoridad de la Biblia. Unirse en un solo propósito comprometería el evangelio.  

Otras diferencias abarcan la adoración y la práctica. La doctrina católica de la transubstanciación en la Eucaristía contrasta con la visión protestante de la conmemoración. El rechazo evangélico también se extiende a la veneración de santos y de la Virgen María, pues consideran que se ora a través de intermediarios, lo que es visto como idolatría y contrario al acceso directo a Dios.  

El objetivo del ecumenismo: ¿social o espiritual?

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El movimiento ecuménico moderno a menudo se enfoca en objetivos sociales y políticos, como la justicia y la reconciliación. Sin embargo, esta agenda es criticada por evangélicos que señalan que el evangelio de la salvación se convierte en una «idea de último momento». La búsqueda de la unidad en temas pragmáticos evita las espinosas cuestiones doctrinales, comprometiendo así el mensaje de redención.  

La Escritura aboga por la unidad de los creyentes (Juan 17:21-23, Salmo 133:1, Efesios 4:3). No obstante, esta unidad está intrínsecamente ligada a la verdad doctrinal, como lo establece la oración de Jesús: «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad» (Juan 17:17). Los apóstoles advirtieron que los creyentes deben «apartarse de los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina» (Romanos 16:17).  

Esta preocupación por la pureza doctrinal es un hilo conductor en la historia cristiana. Los Padres de la Iglesia, como Ireneo de Lyon, combatieron herejías como el Gnosticismo, pues consideraban que eran «herejías de perdición» que socavaban la fe. En resumen, la Reforma fue una reacción necesaria a las desviaciones que persisten, lo que explica por qué el ecumenismo es visto como un compromiso peligroso que traiciona la misión y el evangelio de Jesucristo.  

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